lunes, 8 de diciembre de 2008

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Artículo sobre Astrología y Milenios en el diario "El País"



LA FE EN LAS ESTRELLAS

ESCRITO POR: Victoria de Covadonga Iruretagoyena . Astróloga
EN EL DIARIO ESPAÑOL "EL PAIS"



El amanecer de las diversas civilizaciones de nuestro planeta comienza cuando el corazón del hombre se siente atraído por ese cielo estrellado y descubre que esos puntos salpicados en el inmenso espacio no son indiferentes al devenir de la vida humana. Nuestro antepasado remoto va observando, curioso, primero las diferentes fases que la Luna, tan cercana, le presenta, y poco a poco se percata de cómo determinados aspectos alteran su vida cotidiana, influyen en su estado anímico, etcétera. Su mente vibra al unísono con este fenómeno v las observaciones se van sucediendo con mayor interés a medida que se amplían y abarcan otros cuerpos celestes. Mesopotamia, la cuna.


Todo parece indicar que es Mesopotamia el lugar donde se prestó mayor atención a lo que luego se llamaría astrología, la madre de todas las ciencias, la que abre la puerta del más profundo secreto del hombre al interpretar los aspectos astrales que presiden su nacimiento. Nosotros, los occidentales, encontramos su completo desarrollo dentro de la órbita griega. Seguimos a Berose, ese sacerdote nacido en Babilonia hacia el año 330 a.C. y que abandonó su patria para instalarse en la isla de Cos, donde se entregó en cuerpo y alma a la astrología. Más tarde, sus discípulos, establecidos en distintos puntos de la geografía de Grecia, fueron sus más fieles seguidores en su manera de propagar este conocimiento.

Así como en Mesopotamia la astrología se transformó en institución real para interpretar los cielos y vaticinar el futuro de la nación y de su rey, en Grecia se democratizó para quedar al alcance de cualquier ciudadano ansioso de conocer los acontecimientos que iban a jalonar su vida. Roma, al conquistar Grecia, comenzó a absorber la cultura helena y con ella sus métodos adivinatorios; los epicúreos lucharon contra la astrología, pero los estoicos -influyentes en los círculos gubernativos- la aceptaron.

En la antigüedad pagana, astronomía y astrología eran conceptos sinónimos. La diferencia entre ellas hizo su aparición en los primeros siglos de la era cristiana. Astronomía o ciencia de las estrellas; astrología o arte de adivinar por medio de las estrellas. En la Edad Media llegó a afirmarse, con seriedad, que los ángeles rebeldes habían enseñado a Cam la astrología, y los ángeles leales, la astronomía, a Seth, Enoch y Abraham.

Contra la omnipotencia de las estrellas, los cristianos opusieron la de su Creador contra el determinismo de la astrología, el libre albedrío. No se rechazó la astrología, ya que tal rechazo habría implicado desterrar toda la herencia de cultura clásica, y en las obras de Dante y de santo Tomás de Aquino, el concepto astrológico de causalidad aparece, aunque adaptado a la mentalidad cristiana. La caída del imperio de Occidente fue un gran contratiempo para esta ciencia, que luego revivió bajo Carlomagno, adquiriendo aún más auge al extenderse por Occidente el islamismo.


Muchas fueron las universidades que poseían cátedras de astrología, entre ellas París, Padua, Bolonia, Florencia..., en una palabra, lo más selecto de la Europa de entonces. En Castilla, Toledo fue foco de magia, hasta el punto de ser llamada ésta scientia toletana. El rey castellano Alfonso X -por algo llamado El Sabio- fue tan gran admirador de la astrología que la cultivó y alentó con entusiasmo, al igual que lo haría más tarde el tan llevado y traído marqués de Villena (1384-1434). Signos del Zodíaco aparecen en catedrales e iglesias, en libros de horas como en el del duque de Berry (hijo del rey francés Juan II), que se conserva en Chantilly, o en el de la reina de Francia Ana de Bretaña.

Entre los papas amantes de la astrología cabe destacar al enigmático Silvestre II, iniciado en la musulmana Córdoba, que ocupó el solio de san Pedro entre los años 999 y 1003; al portugués Juan XXI, papa de 1276 a 1277, cuyo entusiasmo por estudiar las estrellas fue la causa de su muerte, al desplomarse sobre él las grandes vigas del techo del observatorio que, con tanto entusiasmo, había mandado construir en el palacio pontificio de Viterbo.

¡Y qué decir de Alberto el Grande, y de tantos y tantos a quienes servir a la Iglesia no quería decir enemistarse con la astrología! Al contrario, encontraron compatibles las enseñanzas de ambas. En Francia, Pierre d'Ailly (1350-1420), teólogo, obispo, cardenal y... astrólogo, escribió varios tratados de astrología, presintió la rotación de la Tierra sobre su eje y predijo, por el movimiento de los astros, la Revolución Francesa de 1789. Para predecir semejante convulsión no tuvo que recurrir a la videncia -como es el caso del célebre Nostradamus- ni bajar a nivel entrando en Alfa ligero o profundo a fin de penetrar en el subconsciente colectivo. No, nada de eso, le: bastó sencillamente hacer los cálculos necesarios para conocer las posiciones astrales que iban a hacer temblar los cimientos dei su patria.

La antigüedad conoció muchos médicos astrólogos, especialmente entre árabes y hebreos. En el siglo XVI dos franceses, J. Fernel y J. Cardan, no les fueron a la zaga y dedicaron muchas horas de su tiempo a la astronomía y a la astrología. J. Fernel fue el primero que midió un grado de meridiano contando las vueltas de una rueda en el carruaje que le llevaba de París a Amiens. Científicos como Newton se han. apasionado por la influencia de los astros sobre el hombre. William Herschell, que debutó en su vida como músico para luego, entregarse a las matemáticas y a la astronomía, conoció muy a fondo la astrología, pero, hijo de su siglo, el descreído XVIII, cultivó más la astronomía, y en marzo de 1781 descubrió el planeta Urano, que en su honor se llamó Herschell -como aún lo siguen llamando muchos ingleses-, el planeta que domina el reino de la materia sin plasmar y Ias catástrofes, ese planeta prominente en los terremotos de 1904 - 1906, en el terremoto de Tokio en 1923, en el de Assam en 1950, en los de Agadir y Chile en 1960.Locos de Marte y Neptuno

¿Por qué tantas y tantas personas han puesto su fe en la astrología? Seres muy cultivados la han aceptado, y Balzac dice: "¿La astrología es una ciencia inmensa que ha reinado sobre las mayores inteligencias".....

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2 comentarios:

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